Las Tres Sillas

En 2019 me mudé a un piso en Poblenou, un barrio de Barcelona con un pasado obrero que en los últimos años ha experimentado una profunda transformación, cambiando sus viejas fábricas textiles por oficinas y negocios tecnológicos. Al principio todo era nuevo: la luz, las calles anchas y una calma acentuada por vivir en una superilla, una iniciativa urbanística que revaloriza el espacio público, creando zonas más seguras y con menos tráfico.

Con el tiempo, sin embargo, esa tranquilidad se alternó con un ruido de fondo cada vez más presente. Algunos eran los típicos de la ciudad; otros, propios de este nuevo entorno: fiestas nocturnas, gritos de jóvenes, el camión de la limpieza al amanecer, niños jugando al fútbol cada tarde bajo mi ventana y, sobre todo, un sinfín de obras que desde hace tiempo no han parado de multiplicarse.

Además, la particular disposición de los edificios hacía que cada sonido rebotara y se amplificara de forma exponencial.

El hábito de asomarme a la ventana para verificar y dar forma al origen de los ruidos me llevó un día a detenerme en una escena trivial: un hombre leía un libro en la quietud de una tarde de invierno, sentado en una de las tres sillas que hay justo debajo de mi habitación. 

Inmediatamente le hice una foto.

Ese gesto sencillo y silencioso marcó el inicio de este proyecto fotográfico. Desde entonces, y durante los cuatro años que van de 2022 a 2025, fotografié casi como un ritual lo que ocurría alrededor de esos asientos fríos y anónimos. Las tres sillas, siempre presentes y a menudo ignoradas, se convirtieron en un escenario inesperado de humanidad, un lugar donde la vida simplemente sucede.

Las Tres Sillas

En 2019 me mudé a un piso en Poblenou, un barrio de Barcelona con un pasado obrero que en los últimos años ha experimentado una profunda transformación, cambiando sus viejas fábricas textiles por oficinas y negocios tecnológicos. Al principio todo era nuevo: la luz, las calles anchas y una calma acentuada por vivir en una superilla, una iniciativa urbanística que revaloriza el espacio público, creando zonas más seguras y con menos tráfico.

Con el tiempo, sin embargo, esa tranquilidad se alternó con un ruido de fondo cada vez más presente. Algunos eran los típicos de la ciudad; otros, propios de este nuevo entorno: fiestas nocturnas, gritos de jóvenes, el camión de la limpieza al amanecer, niños jugando al fútbol cada tarde bajo mi ventana y, sobre todo, un sinfín de obras que desde hace tiempo no han parado de multiplicarse.

Además, la particular disposición de los edificios hacía que cada sonido rebotara y se amplificara de forma exponencial.

El hábito de asomarme a la ventana para verificar y dar forma al origen de los ruidos me llevó un día a detenerme en una escena trivial: un hombre leía un libro en la quietud de una tarde de invierno, sentado en una de las tres sillas que hay justo debajo de mi habitación. 

Inmediatamente le hice una foto.

Ese gesto sencillo y silencioso marcó el inicio de este proyecto fotográfico. Desde entonces, y durante los cuatro años que van de 2022 a 2025, fotografié casi como un ritual lo que ocurría alrededor de esos asientos fríos y anónimos. Las tres sillas, siempre presentes y a menudo ignoradas, se convirtieron en un escenario inesperado de humanidad, un lugar donde la vida simplemente sucede.

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